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  • Foto del escritorBeatriz Madrazo

¿ Para qué necesito complacer a los demás?


¿Qué pasa con nosotros que tenemos la necesidad de ser perfectos? ¿ Cómo podemos ser felices si todo el tiempo nos enfocamos en hacer felices a los demás?




Usualmente no nos preguntamos estas cosas… normalmente evitamos darnos cuenta de que esta necesidad de perfección es poco saludable. Incluso a veces podríamos sentir orgullo al decir “ Yo intento que todo esté perfecto” “yo soy un perfeccionista, si no es perfecto no estoy contento” “ quiero ser el mejor”.


No es que sea malo buscar ser nuestra mejor versión, sin embargo, en ocasiones la mejor versión a la que nos referimos no está trazada por nuestras propias manos, a veces queremos cumplir con una serie de características que alguna vez aprendimos que son “ la mejor versión”, y pasamos nuestra vida tratando de convertirnos en algo que no somos y estamos llenos de ansiedad de no cumplir con esas expectativas. ,con esto nos aseguramos de vivir por siempre insatisfechos e infelices.


En ningún momento nos damos la oportunidad de realmente ser nosotros mismos, y amar esta versión del presente. Sabiendo que esta persona que está aquí, es digna de ser amada, sin que tenga que ser perfecta.


¿De donde proviene esta forma de actuar?


Cuando constantemente estamos modificando nuestra persona buscando la aprobación ajena, ya sea de nuestros padres, nuestra pareja, de nuestros compañeros de trabajo o nuestros jefes, incluso de nuestros amigos. Generalmente tiene su origen como una herida de nuestra infancia, y nuestra forma de actuar es natural frente a esa necesidad que no está siendo satisfecha. ¿ pero cuál necesidad?.


Cuando somos pequeños, necesitamos del cuidado de nuestros padres, aparte del cuidado también necesitamos sentirnos amados y aceptados por quienes somos. Cuando somos niños, es importante sentir ese amor incondicional de nuestros padres, eso nos puede ayudar a confiar en nuestra naturaleza, en movernos en el mundo de una forma auténtica. Sin embargo muchas veces debido a la crianza que recibimos, en algún momento tal vez no nos sentimos dignos, tal vez nos sentimos rechazados si no éramos de cierta forma.



La aceptación y amor incondicional se pueden alcanzar si se proporciona una disciplina compasiva, en donde se establezcan límites sin violencia, en dónde se corrija de forma constructiva ,dónde a los niños se les proporcione una orientación y un rumbo siempre asegurándose de que se sepan amados a pesar de su mala conducta en ese momento.


Ahora que somos adultos, no podemos cambiar el pasado, pero si sirve comprenderlo, comprender que ahora el amor incondicional debe venir desde nosotros mismos, aprender a separar nuestras acciones, reconocer nuestra humanidad y ver nuestros errores como parte de la vida, como oportunidades para aprender, y no como razones para no amarnos, razones para rechazarnos.

El amor debe continuar incluso cuando fallamos, incluso cuando las cosas salen mal, nuestra conducta no modifica nuestro valor. Por supuesto que nuestro comportamiento tiene consecuencias, si tengo un comportamiento problemático en alguna situación, eso no me quita que soy responsable de mis acciones, pero sí es importante separar… ¿soy solo este comportamiento? o ¿soy más que esto?.


Es natural buscar el amor fuera de nosotros, ya que todos aprendimos a recibir amor antes que a darlo, lo recibimos de pequeños, y en algún momento pensamos que la única forma de obtener amor es a través de otros, esto desencadena que busquemos de forma incansable ganarnos el amor por todos lados, temiendo no recibirlo, llenándonos de angustia y ocasionando que no lo obtengamos nunca, ya que el simple hecho de hacer cosas para que nos amen, ya le quita la característica de incondicional.


Sin embargo, el amor se puede originar dentro de nosotros, primeramente atrevernos a mirar y aceptar nuestra herida, y de ahí descubrir que desde lo más profundo de nuestro corazón podemos encontrar el amor que hemos estado necesitando.



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